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La dimensión material de la imagen pornográfica. Andrea Corrales

La dimensión material de la imagen pornográfica

Exposición de la artista Andrea Corrales en el Centro Cultural del Carmen de Valencia.

Hace un par de meses en el festival de la cultura lesbiana en Barcelona, nos invitaron a artistas, activistas y trabajadoras sexuales a hablar sobre trabajo sexual. La mesa la compartí con Shirley McLaren, activista y trabajadora sexual trans y Andrea Corrales, artista y activista.

Andrea empezó su charla diciendo: Desde el movimiento feminista le debemos mucho a las trabajadoras sexuales. Me quedé muy sorprendida y agradecida, desde el movimiento feminista nunca había oído que nos agradecieran posicionarnos como sujetos políticos ante el patriarcado. Y de eso, es de lo que voy a hablar aquí, por qué aparte de el trabajo que desarrolla Andrea como artista, no está separado de su activismo político, algo que es por lo menos, de agradecer y en teoría en el arte contemporáneo, los artistas en mayor o menor medida, están comprometidos en sus piezas y en su día día con movimientos sociales de base.

Cuando la artista Andrea Corrales afirma que el movimiento le debe mucho a las putas, sé, a lo que se refiere exactamente: Se refiere a que las putas, por decisión o no, sabiendo nuestro potencial como sujeto político o no, nunca hemos vivido de acuerdo a la norma de la feminidad, mujeres solas de noche, sin machos, ganando nuestro dinero y transmitiendo a nuestra prole estos valores opuestos y en contradicción con el modelo de feminidad impuesto. Gracias a las putas, la sexualidad se ha abierto, gracias a las putas podemos habitar la noche, gracias a las putas podemos ir escotadas con minifaldas y lucir nuestros diversos cuerpos sin el peso de la moral aplicable a las mujeres. También las putas han sido las primeras en luchar en contra de las injusticias y por sus propios derechos, los derechos de las putas son los derechos de todas.

Y vaya que Andrea nos lo agradece, por que creo que las obras de arte, como puta, madre, ama de casa y artista, se realizan día a día, con los actos, incluso, siguiendo también en esta línea, esta es la primera exposición individual de Andrea, no por que no haya tenido la oportunidad, si no por que su idea de arte está más allá de los conceptos del white cube museístico, está en el día a día, en la calle, más que en un espacio cerrado donde solo acuden los expertos.

La dimensión material de la imagen pornográfica, para mi, es por fin, un homenaje al trabajo sexual dentro de lo culto, lo fino, lo académico, lugares habitables solo por una elite y cerrados para las putas, y cuando se han abierto, han sido para estigmatizar, caricaturizar o aprovecharse de nuestro ostracismo social. Muy consciente de todo esto, Andrea, desde el museo, desde la institución, rectifica y repara esta opresión social, donde, por millonésima vez, todo el mundo puede aprovecharse de las putas, todo el mundo tiene una opinión de las putas, sin haber ESCUCHADO en su vida a una puta, que incluso, escriben ensayos académicos o literarios, sobre las putas (pagando sus alquileres) pero nunca para las putas. En estas piezas, Andrea invierte, rectifica y transforma estas opresiones. 

Andrea, nos dice:

En este espacio podría haber una quinta entrevista si no hubiera sido por las decisiones que he/mos ido tomando a lo largo del proceso. Había un presupuesto estipulado para poder abonar a las trabajadoras sexuales que, con toda su generosidad, accedieron a ser entrevistadas para este proyecto. Las trabajadoras sexuales han estado presentes en los museos desde que se utiliza el desnudo (es decir, desde siempre!) y siempre han cobrado por sus servicios de modelo y muchas veces también por su presencia inspiradora. No queriendo sumarme a la tendencia extractivista de las instituciones, que gustan de quedarse con aquello capitalizable y descartar todo vínculo laboral y/o de responsabilidad con los cuerpos de los que extraen el conocimiento, las entrevistas fueron remuneradas. La remuneración sin embargo no era por «el tiempo», no fue contabilizado por el riguroso y productivo ritmo del reloj. Esto fue por dos razones importantes: una, porque pagar por tiempo o por «servicio» a una trabajadora del sexo parecería indicar que de alguna manera lo que estás vendiendo es tu tiempo y no un servicio. Porque el trabajo de una actriz porno es trabajo, pero no todos los trabajos son iguales ni requieren la misma implicación. Una entrevista no tiene por qué suponer la misma carga emocional y/o temporal y/o de puesta en práctica de recursos personales y/o de su comunidad que su ejercicio profesional habitual, por lo que no he/mos querido partir del tiempo como dispositivo de homogeneización de las realidad corporales y concretas de cada persona implicada. Además, las delicadas líneas que unen la realidad temporal con la salarial en el mundo del trabajo sexual encuentran una profundidad extraordinaria. Un servicio puede ser activado durante una hora, o dos, o doce. Pero esa activación va sobre toda una variedad incalculable de labores y tareas sin mucho nombre pero de grandísima importancia que hace posible esa hora. La inconmensurable sabiduría que las trabajadoras sexuales integran en su día a día es demasiado precioso y complejo como para tratar de encajarlo en las fórmulas laborales que ya conocemos. Por otra parte, quería/mos atender a esa dimensión material que hacen abrazar la realidad individual con la colectiva, situando este intercambio en un lugar un poco más comprometido y transformador.

En la industria del porno, como en cualquier otra, el racismo opera de una forma integral afectando a todo tipo de dimensiones como puede ser la salarial pero también a nivel de autoimaginarios y de posibilidades y proyecciones personales. Es por eso que se ha planteado para estas entrevistas subvertir el caché de las actrices y, comprendiendo que un caché elevado muy a menudo significa un mayor privilegio en términos de raza y normatividad corporal, se han invertido estos valores, abonando mayor cantidad de dinero a las racializadas y migrantes en un intento ínfimo -y sabemos completamente insuficiente- por introducir dinámicas de reparación en todas las dimensiones posibles.

La artista rompe con el extractivismo vicioso, racista y burgués. Y lleva el trabajo sexual una de sus disciplinas, la pornografía, al museo, enmarcandola en la obra de arte, mostrándola como un trabajo, como la parte de la industria cultural que siempre ha sido, pero renegada a la trastienda y la marginalidad, no solamente con el vacío y falso concepto de lo moral, si no como forma de control y opresión de una clase muy determinada.

                                                                     

 

Nos muestra las tendencias en las que se va desarrollando el cine para adultos en diferentes épocas y cómo la política y la sociedad a la vez, se ven influidas por el porno. Así como los diferentes dispositivos tanto de producción como de distribución, desvelando un trabajo, para mala suerte de los detractores del trabajo sexual, dentro del cine para adultos, muy consciente y elaborado, un trabajo.

En esta pared también se visibiliza una sociedad racista, que el porno refleja también, como una disciplina artística que que como todas,  intenta, al menos,  reflejar la realidad. En uno de los periódicos, podemos ver el rostro de la primera mujer asesinada por no ser blanca, el asesinato racista de Lucrecia Pérez, el 13 de noviembre de 1992, un mes después de que España tirara la casa por la ventana, celebrando el quinto centenario de la colonización de América. 

                                                                            

Así, el tener un cuerpo blanco, joven, normativo significa tener un cache alto, y ser una estrella del cine para adultos, alguien admirado, y con miles de seguidores. En cambio ser latinoamericana, o afrodescendiente, mujer con un cuerpo diverso, mujer trans racializada, por ejemplo, el caché baja considerablemente y, la categoría desciende al underground o amateur, reduciéndolo al status de aficionados en contra posición con los especialistas de la industria del cine para adultos, que solo representan gente blanca, joven y normativa, evidenciando el racismo implícito en la representación de la sexualidad y la belleza que el porno europeo sigue perpetuando.

La pornografía, es materia, ese puede ser que sea el mensaje principal de la exposición, al final en el cine son representaciones de situaciones muy concretas,  a veces bien negociadas o a veces no (como el caso de la violación que sufrió la actriz Maria Schneider por Marlon Brando, en el último Tango en París, evidenciando que los abusos sexuales de hombres a mujeres no es que sean exclusivos del porno o en el trabajo sexual) Suceden tanto en las élites del mundo como en Hollywood, o en el más sencillo hogar heterosexual europeo (España lleva más de  40 mujeres, esposas, madres asesinadas por sus maridos y/o parejas en lo que va del año) Así que,  asegurar que la pornografía es una ensayo o fomenta la violación creo que la fomenta más el Último en Tango París con su brillante director Bertolucci, que es una alegoría a la violación, donde curiosamente nadie se queja ni la quiere prohibir.

Así vemos una foto de los servidores de pornhub, en Los Ángeles, pues sí, el porno no es una mentira, el porno no es un cuarto oscuro sucio lleno de vírgenes para violar y explotar. Es una industria asentada, que paga sus impuestos y que como en cualquier empresa, proviniendo de las clases menos desfavorecidas, serán explotadas. Nada que no sepamos en este sistema capitalista. Aquí, la sede de los servidores de la pagina web más visitada de pornografía, pornhub:

 

                                                                             

 

Podría escribir todo el fin de semana (que es lo que he hecho, observando con detenimiento las piezas de Andrea e intentando captar exactamente lo que me quiere decir, sin éxito, y no por ella, si no por mi) pero mañana es la clausura y me gustaría que todas vosotras fueráis a ver esta exposición.

Esta imagen, me lleva al trabajo, a la habitación cerrada donde hay tanta gente viendo mis genitales y esperando que de, un espectáculo a la medida de la excitación corporal y mental, me recuerda los planos que las directoras y directores piden, esos planos, los mismos planos que yo he hecho para mi, que menos que cosificar, son códigos estéticos que existen dentro del entretenimiento para adultos, creo que es tan importante el cuchillo rebanando el ojo por la mitad del Perro Andaluz, como los planos de esos dedos apretándose unos con otros, o esos pezones apuntando al cielo, o esos glandes desnudos a punto de llorar. La pornografía, es cine, es arte, es técnica, y quien quiera verlo de otra manera, es solo por que quiere. Gracias Andrea, por desvelarle al mundo que nuestro trabajo es arte,como diría Grisélidis Real, es tecnicismo, y como decimos las putas, es trabajo.

Linda Porn

                                                                                                        

http://www.consorcimuseus.gva.es/centro-del-carmen/exposicion/andrea-corrales-la-dimension-material-de-la-imagen-pornografica/?lang=es

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